22.1.15

Abrasando El Alma

Si tú estás conmigo, no existe el miedo a explorar caminos nuevos, sólo el temor a fallarte es lo que en ocasiones me frena.

Te vi llegar, con tu caminar pausado, parecía que el suelo bendecía cada uno de tus pasos, en todo momento, tu mirada no se apartó de mi rostro, la mía un poco escurridiza, bajaba lentamente hasta tus pies y subía hasta encontrarse con la tuya.

Mi corazón estaba excitado, el oxígeno entraba a mi cuerpo en forma descontrolada, mi pecho subía y bajaba, elevando aún más mi busto erecto.

Te vi acercarte, poner tus manos en mis mejillas y unir tus labios a los míos, sentí tu beso, intenso, profundo, como si en esa caricia se te fuera la vida, cerré los ojos y me inundé de tu calma, tienes ese poder que me hipnotiza, esa fuerza en tu esencia que me domina.

Tus besos descendieron recorriendo con destreza mi cuello, la punta erecta de mis tetas y seguiste tu camino, en caída libre hasta el centro de mi húmedo universo.

Me exploró tu lengua, tu boca me hizo tuya, y sobrevino a tus caricias, el espasmo que contrajo mi ser revolucionando mi cuerpo a mil por segundo y aún temblando agradecí el orgasmo que me provocaste.

Arrodillado en el interior de mis muslos te vi imponente, majestuoso como siempre, más que siempre, concentrado en ofrecerme un placer sin límites, ahora diferente y, nunca antes vivido, sentí tus dedos recorrerme, introducirse suavemente, primero uno, el goce volvió a invadir mi cuerpo, volví a sentir la excitación previa a correrme, un segundo dedo me preparaba, una fuerza descomunal me hacía pedir más, suplicar más y sonreíste al tiempo que un tercer dedo se unía a la caricia.

Mis caderas bailaron a tu ritmo, en mi garganta se ahogó un grito al sentir tu cuarto dedo y después el quinto, suave... armónico y altamente delicioso.



No hay control de mi voluntad cuando me haces tuya, me vuelvo agua entre tus dedos, en el vaivén de tu mano se escurre mi deseo cuando penetras intensamente.

Es un acto espiritual, es unión eterna, es saber que me dominas cuando tu puño en mi interior entra, el sentimiento se vuelve aún más fuerte, los lazos se estrechan y en cada movimiento de tu mano, no sólo te apoderas de mi cuerpo, es un poder absoluto de mi mente, de mi alma.

Me embriaga la sensación que me despiertas, me marcas tuya en forma radical, se dispara el impulso sexual y sobreviene un nuevo orgasmo, más intenso, más carnal y sobre todo, altamente espiritual, es en ese momento que siento tu mano abrasando mi ser, la posesión es profunda del cuerpo y del alma.
Solos avanzamos pasitos, juntos... juntos creamos el infinito.

8.1.15

Instinto

               Cerca... tan cerca de mí
               desde tan lejos
               puedo sentir en la brisa
               la calidez de tu aliento.

               Levantar mi mano al cielo
               y sentir los latidos de tu pecho
               reptar entre mis sábanas
               y sigilosa viajar libre por tu espalda.

               Hundir con suavidad
               mis dedos entre tus nalgas
               y esperar impaciente
               la reacción de tu cuerpo.

               Cerca... tan cerca de mí
               desde tan lejos
               despiertas mi deseo
               de salvaje poseerte.

               Pero conocedora de mi condición
               sé que terminaré siendo presa de tu pasión
               y tú... mi implacable cazador.

               Soy tu esclava... llevo en mi pecho tatuadas
               cada una de tus palabras
               en mi boca yace tu instinto domador
               y en mi corazón convergen
               tu perversa pasión y tu innata seducción.

LO QUE QUIERAS DE MÍ

2.1.15

De Ti

Tengo hambre y sed de ti, Señor
... de tu doma