
Mantengo mis brazos sometidos, mi pequeño corazón latiendo en forma irregular, incapaz de controlar sus espasmos, aspiro el fondo de tus pensamientos, navego tranquila en el mar almibarado de tus sueños, en la dulzura de tu verbo, cuando tu mano sostiene con firme delicadeza mi voluntad que se te entrega.
Conoces mi cuerpo, las reacciones de mi mente, cada caricia de tus palabras me abren más a tu mundo de sensaciones, mi alma vas labrando, la moldeas con tus manos para ser de ti, alma de tu alma.
Suspendida más allá del límite de tu horizonte en la cálida brisa de tu aliento, me derrites en el mar cristalino de tus besos, para volverme a formar desde lo íntimo de tu mirada.
... Señor, aquí me tienes, soy obra y vida de tu gracia.